Blog de León Cohen Mesonero

Cuentos. Relatos. Cabos Sueltos. Apuntes. Artículos de opinión. Poemas. Microrrelatos. Reflexiones. Cartas.

martes, 3 de noviembre de 2026

Entrevista por Alfredo Campos Gómez Octubre de 2026

León Cohen: de la abuela Luna a la tercera orilla

«Mis recuerdos de infancia se remontan a mi familia sefardí en Larache. Pero tampoco puedo olvidar que mi madre era católica y de Segovia» — Conversación con León Cohen Mesonero, escritor y científico nacido en Larache

León Cohen Mesonero nació en Larache el 25 de noviembre de 1946. Su padre, Jacob Cohén Levy, era sefardí larachense; su madre, católica y de Segovia. Estudió en el colegio francés de Larache y en liceos franceses de Rabat y Tánger, ciudad en la que vivió entre 1964 y 1968 y de la que siempre se ha considerado tangerino por vocación. En febrero de 1968 cruzó el Estrecho y se instaló en Algeciras, donde vive desde entonces. Doctor en Ciencias Químicas, trabajó en la industria petroquímica y fue catedrático de Ingeniería Química en la Universidad de Cádiz hasta su jubilación. Es también escritor y autor de once libros como La memoria blanqueada: relatos y retratos sefardíes del norte de Marruecos (2006), Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger (2018) y Jacob Cohen (2020), dedicado a su padre, donde recrea el mundo de su infancia y juventud.

Él mismo resume su vida como un puzle: «Mi familia sefardí en Larache. Pero tampoco puedo olvidar que mi madre era católica y de Segovia. Fíjate qué contraste. Por otra parte, toda mi educación primaria y secundaria transcurrió en colegios franceses. Finalmente, Marruecos y mis entrañables amigos marroquíes. En fin, un puzle». Esta conversación recorre esas piezas una a una. La respondió por escrito en septiembre y octubre de 2026.

La casa de la abuela Luna

— En tu casa de Larache convivían dos mundos: la familia sefardí de tu padre y tu madre, católica de Segovia. ¿Cómo era un día corriente? ¿Qué fiestas se celebraban, qué se comía, en qué lengua se hablaba?

En determinada época viví en casa de mi abuela Luna. Ella era descendiente de los sefardíes expulsados por Isabel la Católica. Ahí es donde tomé contacto directo con la cultura sefardí. Ahí se festejaban los sábados y otras fiestas judías, como el Yom Kipur o la fiesta de las tortas [Pésaj, la Pascua judía, en la que solo se come pan ácimo, sin levadura]. Se hablaba castellano, menos mi abuela, que usaba también giros y palabras de la jaquetía. De las comidas recuerdo la dafina de los sábados y los pescados guisados, además de los potajes. La casa estaba a la entrada de la calle Real, que era el barrio judío. Tengo tres relatos sobre mi abuela sobre esa época: «Mi abuela Luna», "El rincón del comedor" y y «El balcón de Luna».

Luna Levy Bohbot, en los relatos de su nieto

La abuela Luna (Larache, 1893 – Dimona, Israel, 1965) es un personaje central en los relatos de León Cohen. En «El balcón de Luna» la describe como el centro de la casa: es ella «la que cocina, la que cose, la que va al mercado y la que aporta equilibrio y sosiego a las discrepancias familiares». Desde aquel balcón, cerca del Zoco Chico, la familia veía pasar la vida de la calle, las bodas musulmanas de noche y los entierros de día: «La vida y la muerte, tan opuestas y tan cercanas». Y en «El rincón del comedor» recuerda la dafina que se cocía del viernes al sábado, un olor que, escribe, «huele a infancia, a sábado, a familia, a cariño».

En «Rosa teñido de gris o viceversa», otro relato de La memoria blanqueada que el autor ha enviado a la redacción, cuenta más cosas de ella. Luna tenía apenas quince años cuando su padre la comprometió con un hombre de más de cuarenta que venía de Melilla: a falta de más información  tenía algo  de dinero y, sobre todo, era un cohenim, es decir, de la estirpe de los sacerdotes del Templo de Jerusalén. Y, mi abuela aunque era mujer y había nacido en 1893, fue a la escuela: sabía leer y escribir, hablaba español y árabe y algo de francés. A su nieto le cantaba en francés «Il était un petit navire». En octubre de 1951 fue ella quien lo llevó de la mano a su primer día en el colegio francés de Larache y lo dejó con la maestra, Mlle Beniluz, que había sido su compañera de escuela y prima.

Distinto para uno mismo

— En aquellos años, un matrimonio entre un judío y una católica no era frecuente. ¿Cómo lo vivieron tus padres y cómo lo veían las dos familias y los vecinos? ¿Sentiste de niño que eso te hacía distinto?

Efectivamente, me sentí diferente, para mí mismo. Con los demás no. Con los católicos era como ellos y con los judíos también. Tampoco sentí ningún rechazo por parte de ellos, salvando alguna anécdota sin importancia. Ten en cuenta que yo era español de origen por mi madre —hice la mili en Jerez— y sefardita por mi padre.

«Con los católicos era como ellos y con los judíos también.»

La jaquetía que quedó en el oído

— ¿Qué palabras o expresiones en haquetía recuerdas haber oído en casa o a tu familia paterna? ¿Hay alguna que todavía uses hoy?

Recuerdo que mi padre, que tenía amigos en todos los ambientes, hablaba castellano con los españoles y lo mezclaba con la jaquetía cuando se topaba con los amigos judíos. Curioso. Yo me quedé con el tono al hablar en jaquetía y con algunas palabras, pero nunca recuerdo haberla usado. Recuerdo algunas expresiones y palabras: ferasmal, fuera del mal; mesquín, desgraciado; gial, guapo; seguro es el Dio, lo único seguro es Dios, me vaya capara por tí… Recuerdo que mi abuela hablaba de mi madre llamándola la Quistiana. La jaquetía es fundamentalmente castellano medieval.

Una palabra que cuenta una historia

«La Quistiana» quiere decir «la cristiana». Que la abuela Luna llamara así a su nuera resume en dos palabras el puzle de esta familia: una abuela sefardí que hablaba haquetía y una madre católica llegada de Castilla, bajo el mismo techo. La expresión ferasmal aparece también en el artículo «El decoro, la palabra y la puerta abierta» de esta misma revista. En sus relatos salen otras palabras de aquella casa: la abuela le decía «mi rey» o ferasmal y «me vaya capara por ti» («daría mi vida por ti, más o menos», traduce él), y el niño hacía de terrah, el que llevaba los panes amasados al horno sobre una tabla en la cabeza.

Mustafa Amiar, el primer amigo

— Estudiaste primaria y secundaria en colegios franceses, y tú mismo hablas de tus entrañables amigos marroquíes. ¿Recuerdas a alguno en particular, o alguna escena de aquella convivencia entre niños de distintas religiones y lenguas?

Recuerdo a muchos de mis amigos, pero sobre todo a mi primer gran amigo de infancia en el colegio francés de Larache: Mustafa Amiar. Lo conocí con cinco años y mantuvimos la amistad hasta los dieciocho, que fue cuando dejé Larache. En mi blog, en el apartado de datos biográficos, hay algunas fotos de fútbol donde puede verse esa variedad.

Años después, aquel amigo volvió a aparecer en su vida de una forma inesperada:

Mucha gente me ha dicho que tengo un don para contar historias. Recuerdo sobre todo lo que me dijo Mohamed Sibari en una reunión en Larache donde leí un relato mío que se titulaba «Mi casa»: «León, no dejes de escribir, tú tienes la baraká». Y tenía todavía lágrimas en los ojos. Me dijo que me conocía desde pequeño; yo no lo recordaba, pero cuando añadió «tú eras muy amigo de mi amigo Mustafa Amiar», me dejó boquiabierto.

Nota de la redacción: Mohamed Sibari (Alcazarquivir, 1945 – 2013) fue un escritor marroquí en lengua española, muy ligado a Larache. La baraká es la bendición, el don que alguien recibe de Dios. En el relato de la abuela Luna, este mismo amigo aparece como Mustafa Tahar: es la misma persona, que unos diez años después cambió de apellido, según ha confirmado el autor.

Un puzle de cuatro piezas

— Después de tantos años en España, ¿qué parte de ti sigue siendo sefardí y qué crees que se ha perdido por el camino?

Hay una mitad, o una cuarta parte, que sigue siendo sefardí; otra, la más importante, es andaluza, y otra francesa. Y, por supuesto, no olvido mis vivencias marroquíes.

De Debdou a Larache: el abuelo Salomón

El puzle de León Cohen tiene una pieza más. Su abuelo paterno, Salomón Cohén Benhamou, nació hacia 1852 en Debdou, una pequeña ciudad judía del oriente de Marruecos, y llegó a Larache a comienzos del siglo XX, hacia 1903; allí murió en 1941. En su relato «Tres orillas», el nieto imagina aquel viaje con sus pertenencias cargadas en un burro. En otro relato lo presenta como un hombre «venido de las montañas del Rif», quizá con la geografía amplia de la época, cuando se llamaba Rif a casi todo el norte del país (lo explica el artículo «Un puñado de familias: los judíos del Rif», en esta misma revista).

León no llegó a conocerlo: «Sé que hablaba árabe. No sé más nada. A lo mejor también hablaba chelja, el idioma de los bereberes. Pero es una suposición». De un primer matrimonio, Salomón tuvo varios hijos e hijas en Melilla. Una de sus nietas, Carmen, fue la tutora de León cuando estudiaba interno en Rabat, y, recuerda él, «se portó conmigo como una hermana mayor».

En «Tres orillas», el autor habla también de una «tercera orilla», entre España y Marruecos: «la orilla donde uno adopta la manera de ser y el idioma del otro». La historia de Debdou se cuenta en el artículo «Debdou, la pequeña Sevilla del oriente marroquí», en esta misma revista.

¿Tiene futuro la cultura sefardí?

— Hoy apenas quedan judíos en el norte de Marruecos. ¿Crees que aquella cultura sefardí merece conservarse? ¿Quién debería hacerlo y cómo?

Claro que merece conservarse la cultura sefardí. De hecho, yo he hecho lo que he podido, consciente o inconscientemente, con mis relatos. Y quiero citar aquí un documental de TVE cuyo título es El último sefardí, impresionante, dirigido por Miguel Ángel Nieto, que en 2017 me hizo una amplia entrevista en Algeciras, cuyo vídeo conservo, y con el que trabé una buena amistad.

Nota de la redacción: El último sefardí (2003), de Miguel Ángel Nieto, coproducido por RTVE, sigue al rabino Eliezer Papo en busca de la lengua y la cultura sefardíes por Jerusalén, Estambul, Salónica, Sarajevo y otras ciudades. La entrevista a León Cohen formó parte de otro proyecto posterior: Nieto se la hizo en la primavera de 2017 en el hotel Bahía, en la playa del Rinconcillo de Algeciras. En el blog del autor puede verse un fragmento, en el que lee pasajes de su libro Entre dos aguas (Hebraica Ediciones, 2013).

La memoria blanqueada

En la primera parte de esta conversación, en septiembre de 2026, León Cohen habló de su manera de escribir sobre aquel mundo.

— Usted acuñó el concepto de «memoria blanqueada»: un homenaje que recuerda a las personas y los lugares que ya no están con más virtudes que defectos. ¿Es eso, para usted, una forma de invención literaria, o más bien una manera de ser fiel a lo que realmente sintió y vivió?

Blanquear la memoria se refiere al recuerdo de los personajes de mi infancia. Puede entenderse como una especie de autocensura al reproducir lo que mi memoria conserva y hacerles un homenaje por lo que para mí significaron. En cuanto a los lugares y las cosas, he intentado reproducir con cierta veracidad lo que conservo o creí sentir. Ahí no hay invención ni ficción y, por lo tanto, no hay línea entre ficción y realidad. Puede haber errores, pero nunca buscados ni inventados. Hay que advertir que yo no soy historiador y por eso no busco el dato preciso. Lo que sí intento es recrear un mundo y un ambiente, como cualquier escritor que se precie. Lo que yo llamo el realismo mágico también ayuda.

— En uno de sus relatos alude a los oficios humildes de los judíos larachenses (mecánicos, pescadores, cargadores), frente al tópico extendido del comerciante judío próspero. ¿Cómo era realmente, en cuanto a su nivel económico, la comunidad sefardí de Larache que usted conoció?

Los sefarditas de Larache eran un grupo heterogéneo en el que primaban los pobres, como en el resto de la población. Es verdad que algunos judíos eran dueños de los cines o de negocios de cierta entidad, pero eran una minoría.

— Como catedrático de Ingeniería Química, acostumbrado al método y la evidencia, ¿le genera alguna tensión escribir una literatura hecha de recuerdos?

Fui muy feliz al escribir esos relatos y disfruté con ellos. Ninguna tensión. Siempre digo que conmigo caminan tres personas: el investigador y científico, el escritor y el deportista. Entre otras muchas cosas fui un futbolista notable y sigo siendo un apasionado del fútbol. Como decía mi admirado Albert Camus: «Yo cambiaría el Nobel por haber sido futbolista profesional».

Nota de la redacción: esta frase se atribuye a menudo a Camus, pero no la hemos encontrado en sus escritos. Lo que sí escribió, en un texto de los años cincuenta, es que lo que sabía con más certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debía al fútbol.

«Conmigo caminan tres personas: el investigador y científico, el escritor y el deportista.»

Dos retratos de familia

Para acompañar sus respuestas, León Cohen envió a la redacción tres relatos de La memoria blanqueada sobre los personajes de su infancia. El de la abuela Luna aparece más arriba. Estos son los otros dos: su padre, que fue para él, junto a su prima Flora, «el personaje más importante» de aquellos años, y un tío al que nunca conoció.

«Jacobi», el padre

El relato empieza con una broma literaria: dice que Juanita Narboni, la protagonista de la famosa novela tangerina de Ángel Vázquez, se metió en la cama de su personaje. Luego lo desmiente y cuenta la historia verdadera. Jacob Cohen Levy nació en Larache en 1917 o 1918. Dejó la escuela a los doce años, fue chófer en la almadraba y taxista durante la Guerra Civil (según Sergio Barce, en aquellos años también fue detenido en Larache por los sublevados contra la República, como su hermano mayor), aprendió mecánica en Tetuán y, en los años cuarenta, probó suerte en el Tánger internacional, «un auténtico paraíso fiscal»: primero el estraperlo de tabaco y relojes, después unos camiones y el comercio de té verde. Lo ganó y lo gastó todo. Con mujer e hijos, sentó la cabeza: fue comerciante, obrero en Maracaibo en 1956 y vendedor de coches hasta su muerte, el 14 de julio de 1997. Su hijo lo recuerda como «un seductor y un tipo carismático» cuya relación con la religión judía fue «bastante tibia». Está enterrado en el cementerio judío cercano a Casabermeja, en Málaga.

A él le debe León también su pasión por el fútbol: «Recuerdo cuando nos llevabas a mi hermano y a mí a ver los partidos en Santa Bárbara», le escribe, recordando el campo de Larache; el padre era hincha del Athletic de Bilbao. Años después, León le dedicó un libro entero, Jacob Cohen (Hebraica Ediciones, 2020), hecho de relatos, cartas y fotografías, que Sergio Barce definió como una declaración de amor de un hijo a su padre.

El tío León, linotipista del Heraldo de Marruecos

En el cementerio judío de Larache, una lápida dice solo: «León Cohen Levy, Larache 1909-1938». Era el hermano mayor de su padre. Nunca fue a la escuela: aprendió a leer con doña Consuelo, una maestra republicana que lo inició también en la lectura de los clásicos marxistas. Trabajó como linotipista en El Heraldo de Marruecos, el periódico de Larache, y con la República fue secretario local de un partido de izquierda (el autor no sabe si socialista o comunista). Al día siguiente de la sublevación de julio de 1936 fue detenido y enviado a la cárcel García Aldave, en Ceuta, donde, según la memoria familiar,  supo que doña Consuelo había sido fusilada. Enfermo, lo enviaron a morir a su casa: Murió en Larache el 21 de julio de 1938, con veintiocho años. Su sobrino lo presenta como un judío comprometido con su tiempo, «opuesto al mito del judío colaborador y cobarde» que difundió la propaganda fascista. Un manuscrito suyo: "El Universo sin Ley" fue destruido por su madre cuando o detuvieron.

⚠️ El propio autor advierte que reconstruye esta historia «a partir de los retales» de los comentarios familiares. No la hemos podido contrastar con documentos.

— Un mensaje para los alumnos que van a leer esta revista, que hoy viven en distintas ciudades del norte de Marruecos que usted solo puede visitar en el recuerdo.

A los alumnos les recomiendo vivamente que lean mis libros, La memoria blanqueada y Tributo a dos ciudades, y tendrán un álbum de fotos fiel de un periodo de vida en aquel entrañable pueblo del Atlántico.


Fuentes

  • ✅ Entrevista directa del autor a León Cohen Mesonero, respondida por correo electrónico en septiembre y octubre de 2026 (mensajes del 25 de septiembre y del 7, 8 y 10 de octubre de 2026). Incluye los datos sobre el abuelo Salomón (1852-1941, su lengua y su familia de Melilla), la prima Carmen, la abuela Luna y la anécdota de Mohamed Sibari, reproducida con su autorización.
  • ✅ Que León Cohen se considera «tangerino por vocación»: confirmado por la redacción, que lo conoce personalmente (2026).
  • ✅ COHEN MESONERO, León: «Biografía actualizada», leoncohenmesonero.blogspot.com. Fecha de nacimiento, colegio francés de Larache (1952-1958), liceos de Rabat y Tánger, llegada a Algeciras (10 de febrero de 1968), carrera científica y obra literaria.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: «Tres orillas» (relato, noviembre de 2010), publicado en el blog de Sergio Barce, sergiobarce.blog, 28 de agosto de 2011. Datos familiares: Jacob Cohén Levy, Luna Levy Bohbot y el abuelo Salomón Cohén Benhamou, de Debdou.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: «El balcón de Luna» (relato), en sergiobarce.blog, 9 de junio de 2020.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: «El rincón del comedor» (relato de Cartas y cortos, 2011), en sergiobarce.blog, 29 de diciembre de 2013.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: La memoria blanqueada: relatos y retratos sefardíes del norte de Marruecos, Hebraica Ediciones (col. Arca de Sefarad), Madrid, 2006, ISBN 978-84-611-0626-4.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger, Editorial Círculo Rojo, 2018.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: «Entrevista por Miguel Ángel Nieto» (Algeciras, primavera de 2017), leoncohenmesonero.blogspot.com.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: «Jacobi» (2002), «Rosa teñido de gris o viceversa. Mi abuela Luna» (1997) y «El linotipista del Heraldo de Marruecos» (2003), relatos de La memoria blanqueada (2006), enviados por el autor a la redacción en octubre de 2026. Fuente de los recuadros sobre la abuela Luna, el padre y el tío León; lo que cuentan es memoria familiar.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: Jacob Cohen, Madrid, Hebraica Ediciones, 2020, ISBN 978-84-945152-9-3. Conocido a través de la reseña de BARCE, Sergio: «Jacob Cohen, un libro de León Cohen Mesonero», sergiobarce.blog, 3 de septiembre de 2020, que reproduce fragmentos del libro (recuerdo del fútbol en Santa Bárbara) y aporta la detención de Jacob Cohen por los sublevados en Larache en el relato El Fisonomista.
  • ✅ «Mohamed Sibari», Wikipedia (inglés), y Medias24, 29 de noviembre de 2013: nacimiento en Alcazarquivir (1945) y fallecimiento (2013).
  • ✅ NIETO, Miguel Ángel (dir.): El último sefardí, documental, 2003, coproducción de RTVE (ficha en FilmAffinity).

 


sábado, 1 de agosto de 2026

L´esprit de ma ville

 

“L´enfance et l´adolescence façonnent notre moi le plus profond et font de nous pour toujours ce que nous sommes et serons ”  - Léon Cohen

 

L´esprit de ma ville

 

L'esprit de ma ville est la lumière aveuglante de ses rues en été, les feuilles mortes sur l'Avenue des Palmiers en automne, autour des bars Perico et Canaletas...

L'esprit de ma ville est la bravoure de la mer contre la Barre, les lumières des bateaux à l'horizon de notre mer infinie les nuits d'été, les promenades au coucher du soleil sur le « Balcón del Atlántico »  ou vers les « Viveros » ...

L'esprit de ma ville ce sont les jeux d'enfants, le «palitroque » (jeux de quilles), « me las castro », les « guérillas », les « huitis », le jeu du « vice » et les billes (sepli, nacle, piola)...

L'esprit de ma ville c'est ses gens et ses fêtes, une certaine joie de vivre qui se révélait dans ses gymkhanas, ses fêtes, la nuit de Saint Jean, les noces musulmanes nocturnes, les gnawas, les danses à la salle de « l'Unión Española », les parties  (réunions joyeuses entre adolescents), Pourim au Casino Israélite, baignade à « l'Otra Banda », les spectacles au « Teatro España », le football à « Santa Bárbara », le « Zoco Chico » à la tombée de la nuit (bénies soient les aloses  fraîchement pêchées)...

L'esprit de ma ville, c'est le dimanche matin: les cireurs de chaussures de la ruelle  Rosendo et del Pozo, les lectures à l'Union Espagnole, la séance continue, non-stop, au Cinéma Idéal...

L'esprit de ma ville, ce sont ses bars : Le Central, le Selva, le Cocodrilo,    le Mauri, le Cuatro Caminos, la Marquesina...

L'esprit de ma ville sont ses noms de lieux : L'Hôtel España, La Zamorana, Claudio Berjón, Panadería Alarios, Garaje Mártinez, Garaje Recober, Libreria Damián, les épiceries d'Antonio Español et Carmelo Rosendo, Almacenes (magasins) Pulido, la pharmacie Amselem, Zapatería Bata , l´imprimerie Cremades, la droguerie El Yunque, Patisserie Ayuso, Mi Sastre (Mon tailleur), La Bandera Española, Casa Martinez, la pharmacie  Albarracín, le Cinéma Ideal, le Cinéma Coliseo, le Cinéma Avenida, Casa Ros, la glorieuse équipe du Chabab (Facundo, Buchaib, Said, Riahi, Montero , Emilín), Zapatería Companys, El Chivato, Emquíes, Kassem, la Compagnie Lukus, l'Usine de Farine, Las Navas, Cuatro Caminos, La Cuesta del Aguardiente, La Escañuela, La Guagua ...

L'esprit de cette ville est beaucoup plus, c'est ce qui nous habite et nous accompagne à nous tous, ceux qui, autrefois, en faisaient partie. C'est ce qui, un matin en se réveillant ou un soir en tournant un coin de rue, resurgit et renaît en chacun de nous qui, en la quittant, emportâmes avec nous un petit morceau de l'âme de cette ville.

                                  

 

 

 

Promenade sentimentale à travers les rues de la mémoire

 

 

"Les rues de l'enfance sentent la nostalgie. Notre mémoire est pleine de portes entrouvertes où règnent fantômes et mystères à dévoiler".    Léon Cohen

 

Promenade sentimentale  à travers les rues de la  mémoire

 

J'ai garé la voiture sur la “Plaza de España”. Je suis sorti et j'ai respiré profondément, comme si je voulais retrouver les odeurs perdues dans les jardins de mon enfance, comme si je voulais récupérer  l'air de tant d'années passées dans un exil non voulu mais inévitable, loin de ma ville. Il s'agissait d'un voyage projeté depuis de nombreuses années, et toujours, pour une raison ou une autre, reporté. Mais j'étais enfin à Larache, la ville où je suis né et où j'ai passé mon enfance et mon adolescence. J'étais venu seul, car personne sauf moi aurait pu faire cette promenade dans le temps. Lentement, comme si je mesurais chaque pas, j’étais enfin prêt à atteindre l’objectif de mon voyage.

J'ai pris la rue qui commençait par la boutique du tailleur "Mi Sastre" (mon tailleur était un grand homme chauve aux cheveux gris malgré sa calvitie), laissant l'Union espagnole sur mon flanc gauche, et, marchant sur le flanc droit, je suis passé devant le Bar Selva, j'ai jeté un coup d'œil à l'intérieur et j'ai pu constater que les frères Selva, celui aux lunettes et celui au sourire figé, étaient toujours là, dans la brèche, j'ai salué Momi, le barman, que j'ai trouvé un peu trop vieilli. Puis je me suis arrêté devant la vitrine de la Zapatería Companys, le père de ma copine Margarita se tenait comme d’habitude dans l'embrasure de la boutique, grand et droit, avec son inhalateur autour du cou et vêtu d'une cravate et d'un gilet bleu. Pendant un instant, je me suis souvenu de sa voix, mi-rauque, mi-tonitruante, et de sa démarche, avec ses pieds se faisant légèrement face et sa main gauche posée sur sa poitrine. J'ai également pu verifier que la vitrine présentait encore une paire de chaussures Gorila  et des sandales en  crêpe. J'ai continué à monter la petite pente jusqu'au coin, où la plaque du cabinet d'avocats brillait encore et conservait un certain éclat, ainsi que la maison, celle que j'avais toujours associée au juge Don Manuel Moreno Garzusta,.  De ce coin, on pouvait distinguer, en regardant à gauche et au fond, l'imprimerie Cremades, l'homme à la démarche manifestement boiteuse, un peu plus haut, la pharmacie Albarracin, dont je n'ai jamais su l'identité car  je l’ai toujours pris por son assistant de pharmacie : un homme rondouillard en blouse blanche, avec une moustache touffue et soigneusement arrangée par le peigne, en regardant à droite, sur la pente, je pouvais deviner la boutique de Balaguer et presque toujours à la porte, une de ses  filles ou Delmas, son gendre, qui, avec son teint foncé, ses cheveux couleur de jais et très raides, m'a toujours semblé un indien de Bombay. J'ai traversé la route et en chemin je suis tombé sur la bodega de Salomón Fereres, j'ai regardé à l'intérieur et j'ai pu distinguer sa silhouette de beau renard argenté. Je suis ensuite passé devant un atelier de vélos et de motos, laissant sur ma gauche ce qui deviendra plus tard la Bourraquía (un marché de tissus, de vêtements et d'articles ménagers).  Je me suis souvenu que dans la ruelle à ma droite, vivait autrefois M. Benchluch, le praticien, que  j´ai eu l´occasion de visiter  avec mon père pour m´administrer une injection urgente. Cet homme de petite taille, légèrement voûté, à la voix grave et au nez pointu et excessif, s'adonnait au petit rituel de la désinfection des aiguilles et de la préparation de la seringue avec parcimonie, insufflant au patient à la fois sécurité et crainte.  Arrivé au petit rond-point, je me suis arrêté pour contempler les quatre rues qui en découlaient. D'un côté, la rue du Cinéma Avenida, où se trouvaient, entre autres, le commissariat de police et la maison Torres, à ma droite, la rue qui menait à la pharmacie Coliseo et finalement à la place du marché conçue par l'architecte Bustamante. J'ai continué tout droit, laissant sur le côté l'interminable palais de la Duchesse de Guise. Les petits voyous que nous étions alors, sautaient les barrières qui menaient à la rue adjacente, la rue où vivait Rubén le chauffeur de la compagnie Lukus, le plus grand homme de Larache et du monde, pour nous promener dans les jardins, défiant le gardien qui, disaient les plus expérimentés, tirerait sur les enfants avec un fusil à sel. Au premier tournant, quelques mètres plus bas, il y avait encore l'atelier de repassage de mes "cousines tantes" Simy et Allo, dont je me suis rappelé avec la tendresse qu'elles ont toujours méritée. Puis je suis passé a côté des bâtiments où dans le temps vivait mon ami Carlitos, fils d'un policier, qui se  montrait vraiment très dérangé  quand j’allais  chercher son fils pendant la sieste. Au bout du palais, un autre carrefour, à ma droite la rue où vivait la famille Pérez. Je n'ai pas pu oublier cette nuit du dîner d'adieu chez ma grand-mère Luna, je me souviens comment ces jeunes émigrants riaient et plaisantaient à table, pour cacher leur nervosité et leur anxiété, dans la pénombre, qui était ce qui abondait dans ces années sombres. Le lendemain, ils partaient pour le  Venezuela, vers une destination incertaine, c'était en 1956, et parmi eux, je me souviens, malgré mon petir âge, de Baldomero, de Pérez et de mon père. Mon père est rentré au bout d'un an, mais Pérez est resté et a disparu pour sa famille  à jamais, tandis que de Baldomero,  on n'a plus entendu parlé de lui.

J'ai accéléré le pas et en quelques minutes j'étais au deuxième rond-point, celui des écoles des Maristes et des Sœurs, dans le premier j'ai joué au football (ces dribbles que nous faisions en lançant le balon contre les murs des classes qui limitaient le terrain, je me souviens avec précision que Tuito était un maître dans cet art) ; dans le deuxième, ma cousine Flora étudiait, et plus d'une fois j'ai assisté aux parties de basket entre filles.

Soudain je me suis arrêté  et je me suis rendu compte pour la première fois que l'image fixe de la rue s'était depuis longtemps effacée. J'ai appris que la réalité était tout à fait différente et que  j’étais en train de faire  un voyage sentimental où tout ce que je racontais  avait éxisté  mais n'était désormais plus rien. Mais je n'avais pas trop envie de voir l'évidence, alors j'ai décidé de suivre ma propre route. En haut de la pente, à ma droite se trouvait le “Patronato” et un petit terrain en terre battue où j'ai commencé à montrer mes dribbles diaboliques à l'âge de quinze ou seize ans. Je commençais enfin à bien jouer, même si c'est à Tanger, deux ans plus tard, que j'ai explosé et donné tout ce que j'avais appris pendant tant d'années. En traversant cette petite esplanade on pouvait arriver si mon souvenir  était fidéle, a la plage du Matadero. Ensuite, le rond-point des “Viveros”, à ma droite l'entrée du parc et à côté, la “Hípica”, où tant de fois j'ai accompagné mon père pour le tir au plateau d'argile et au  tir au pigeon aussi. Mon père était  un habitué ainsi qu'un bon tireur. Á gauche, une grande étendue de terrain vague que les petits utilisions comme raccourci pour nous rendre chez nous à la rue  Barcelona.

Dans ces champs découverts se déroulaient nos  guérillas de “moros et cristianos”, qui consistaient á nous lancer toutes sortes de  cailloux, desquels nous nous protégions parfois avec des boucliers en bois, parfois réels et parfois imaginaires, car l´imagination nous en avions à revendre. Mon voisin, Pepe Ortega Padilla, était notre chef. Plus loin, une série de maisons mitoyennes qui m'ont toujours semblé être des pavillons militaires, et un peu plus loin, au bout de nulle part, les trois cimetières, les cimetières des trois cultures, celles qui ont fait de l'Espagne et de l'Andalousie des grandes parmi les grandes, il y a des siècles. J'avais atteint la fin de la première étape de mon voyage sentimental et imaginaire sur les chemins de la mémoire. Je me suis promis de revenir pour visiter d'autres endroits.

                                    

 

 

 

 

Ensayo sobre el cuento "La Librairie des Colonnes". Versión 2

 

A propósito de la “Librairie des Colonnes”

 como ejemplo para una reflexión sobre la creación literaria.

“En el cuarto y último bloque narrativo aparecen los relatos del narrador menos autobiográfico y más virtuoso, el mago de las palabras, el malabarista, el hacedor, el creador de personajes con vida propia.” Gloria Nistal en el prólogo de Crónica de un reencuentro.

“-También cultivamos en este club la palabra precisa, el giro justo, la metáfora, el matiz, la claridad del concepto, la frase fluida, las dicotomías del pensamiento, la ironía, la riqueza descriptiva, la paradoja…Todos aquellos elementos del lenguaje y del pensamiento, que enriquecen la expresión literaria y la expresión a secas, y  elevan el nivel de la palabra desde  mera herramienta de comunicación  hasta convertirla en arte, añadió Isabelle Gerofi. Y lo hacemos en varios idiomas, como buenos tangerinos.” La Librairie des Colonnes

 

1.- INTRODUCCIÖN

Sirvan las palabras, en el encabezado, de Isabelle Gerofi, convertida en  personaje del cuento, para resumir aspectos fundamentales de la creación literaria. A mi entender, ésta se origina en la necesidad de contar con un propósito definido, aunque su desarrollo pueda conducir a situaciones no previstas e inesperadas y sobre todo sorprendentes. También puede ser provocada por una situación, un lugar, un recuerdo o incluso un pensamiento. Toma forma pasado un tiempo más o menos largo, y una vez iniciada, el camino se va transformando y definiendo a base de idas y venidas en la mente del creador.

Permítaseme, a modo de introducción, citarme entre comillas, y reproducir algunas reflexiones pasadas sobre el tema, ya que éstas resumen de manera adecuada aunque ciertamente algo deslavazadas, mis opiniones.

“La labor del que escribe no es una línea recta y continua, sino más bien un recorrido lleno de obstáculos, de altos en el trayecto, de silencios y de idas y venidas sin fin y sin objeto. El escritor reflexionó sobre los caminos inesperados a los que las palabras podían conducirle cada vez que éste se sumergía en los misterios de la escritura. También aprovechó para detenerse sobre el realismo mágico en literatura y sobre las complejidades del proceso de creación  y las ilimitadas posibilidades que brinda al creador.”

“En este juego de creación literaria, me he podido permitir el lujo de hacer casi todo lo que me sugería mi imaginación en cada momento. Incluso hacer malabarismos con las palabras o crear situaciones antes insospechadas por mí mismo. Y he podido descubrir que la  imaginación de un creador puede llegar a asombrarle cuando la pone a  prueba  y  le plantea retos a priori insalvables.”

“Ha sido una pequeña tarea intensa aunque gratificante, con un recorrido sinusoidal, donde las cimas y los valles se han repetido durante todo el proceso de escritura. Las dudas, el deseo de abandonar, el desaliento, la soledad, la voluntad de seguir, y algunos momentos que yo llamo de “euforia narrativa”, me han perseguido. Quizás escribir fuera en definitiva un ejercicio de vida donde se mezclaban paradójicamente dosis de egocentrismo y narcisismo con alícuotas de altruismo y de empatía. Escribir era para él, una expresión innegable de alteridad durante todo el trayecto creativo.”

2.- La LIBRAIRIE DES COLONNES

En el año 2015 el escritor se hospedó durante un fin de semana en Tánger, en el hotel Rembrandt, un clásico en pleno Boulevard Pasteur, situado a unos metros de la Librairie des Colonnes. Recordó que la librería estaba en la planta baja de un edificio que para él fue familiar en determinada época de su juventud, con apenas 19 años. Durante un curso académico, acudió diariamente a estudiar con un amigo a un local que se hallaba en la primera planta.

A su vuelta de la corta estancia en Tánger empezó a pergeñar lo que más tarde se convertiría en su relato más fantasmagórico y un claro ejemplo de realismo mágico: La Librairie des Colonnes. Es sobre este relato sobre el que pretendo centrar mi análisis y mi reflexión sobre la creación literaria. En primer lugar quiero establecer algunos conceptos que considero primordiales para explicar mi argumentación: el antes y el después de escribir el cuento, donde el antes solo puede pertenecer al discurrir del autor y el después, que es potestad del lector o del crítico. Se trata pues de la diferencia entre lo que el escritor imagina y construye con titubeos, tropiezos, desazón y mayor o menor  aliento según los días; y el resultado final, que tiene más que ver con el análisis del lector y sus interpretaciones.

En este cuento aparece una trastienda en la librería, que solo está en la mente del autor, pero que será  clave en el desarrollo del cuento, permitiéndole a aquel dar rienda suelta a su imaginación para crear situaciones mágicas y encuentros imposibles, a medio camino entre ficción y realidad. Si el escritor describe la trastienda como un lugar amplio (como su imaginación) con gentes diversas, es porque con este recurso, su inventiva no tendrá a priori límites ni físicos ni mentales para desarrollar cuanto le plazca  y decida, en cada momento de su discurrir. Como ejemplo de lo expresado, los ficticios intercambios dialógicos  con Chukri y con Ángel Vázquez .

Otro elemento importante del relato es el de viaje y recuperación de un pasado cuyos personajes, entre otros las hermanas Gerofi y Rachel Muyal,  se revelan no solo como guardianes de la librería que gestionaron en épocas diferentes, sino también de un tiempo perdido difícil de acotar, sin fecha ni caducidad, y por tanto indefinido, que parece corresponder al del esplendor de Tánger. Como si ese esplendor fuera eterno e indestructible, y no más bien y sobre todo, el producto de la nostalgia de aquellos que tuvieron la dicha de vivir y disfrutar en algún momento de sus vidas de aquella ciudad encantada. El cuento acaba adquiriendo diversas lecturas y dimensiones, donde la trastienda es un club privado pero también puede interpretarse como  la imaginación del escritor, o también cabe citar las distintas versiones del Tánger añorado, según Chukri, Vázquez o Cohen. Finalmente, se me ocurre evaluar cuanto de realidad frente a ensoñación o magia, hay en el cuento. Yo concluiría que en este caso, la ensoñación me ha servido para contar una realidad que existió, y de la que hay múltiples testimonios. Yo mismo dudo ahora, de si la historia que cuento sobre Juanita y su madre y sobre la negra que la amamantó es cierta o inventada. ¿Qué más da? También hace parte como todo el cuento del realismo mágico. ¿O son acaso reales Juanita y Sol? ¿Y Tánger fue real o inventada? Chi lo sa. Como dice Sol en uno de sus múltiples monólogos: “Esta ficción multidimensional y transversal solo es posible cuando tiene lugar el milagro de la creación literaria.”

 

 

Carta de un ciudadano corriente

  "Yo soy un hombre que ha salido de su casa por el camino, sin objeto, con la chaqueta puesta al hombro, al amanecer, cuando los gallo...