Blog de León Cohen Mesonero

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sábado, 13 de febrero de 2021

CARTA A UN AMIGO DE INFANCIA

 

      Carta a un amigo de infancia

 

Buenas noches Pepe: Soy un fantasma de tu memoria que vuelve después de medio siglo. Ignoro si este viaje de vuelta era necesario, ni tampoco sé si puede ser útil. Pero no importa, aquí estoy. Después de tantos años ya ni siquiera somos lo que un día fuimos: aquellos dos niños llenos de ilusión y de ganas de vivir y de jugar... indefinidamente.

Nos vamos construyendo sobre una base amorfa, de manera algo diferente a como se edifica una casa sobre unos cimientos firmes y bien definidos, así devenimos y nos convertimos poco a poco en adultos. Y, ¿qué queda de aquellos niños que un día fuimos ? Muchos recuerdos, mucho sentimiento  y la inevitable nostalgia.

Esta noche de verano me pregunto : ¿ Qué pasaría si un día nos encontráramos, además de recordar y de reírnos? Los caminos vitales bifurcan y cada uno va haciendo su camino al andar como decía el inefable Machado.

Yo soy yo, pero lleno de experiencias que no hemos compartido, por lo tanto soy otros muchos, además del que tú conociste. Por eso Pepe, es muy posible que esta carta o esta reflexión sobre el devenir vital no te llegue nunca. Muy probablemente, el origen de esta misiva resida en la casualidad de haberte vuelto a revivir a través de una conocida. Faenas del azar.

Tú eres un componente de mi memoria vital como yo lo soy de la tuya y eso es importante. Ser parte de la vida de otros es quizás nuestra mayor contribución a la Vida en general.

No te voy a contar nada de mi trayectoria porque de nada valdría y porque ese no es el motivo de este intento de acercamiento a alguien que sólo existe en mi memoria y que no guarda relación alguna con el adulto que va a leerme.

            Pepe y L. fueron amigos porque coincidieron en tiempo y espacio y supongo que por determinadas afinidades de carácter. Luego, con el transcurrir, Pepe se aleja de L. primero y luego de aquel Pepe al que L. conoció y lo mismo sucede con L.. Y es que con el tiempo y el maldito devenir, uno no sólo pierde a los amigos sino que de alguna manera también se pierde a sí mismo para convertirse en esos otros muchos que se van sucediendo. De aquí el reencuentro imposible. Realidades distintas imposibles de conjugar.

No obstante, me queda la duda razonable de que  si nos sentáramos a conversar, coincidiríamos en lo felices que fuimos mientras fuimos aquellos niños, coincidiríamos en nombres y en topónimos de nuestro pueblo, y disfrutaríamos de un buen rato que no es poco, pero ¿ Y luego ? ¿Qué importa luego? Valdría la pena y punto. Ves Pepe, me estoy acercando a ti conforme voy escribiendo e incluso me va seduciendo cada vez más la idea de compartir contigo uno pocos vinos y cientos de recuerdos, pero mañana quizás ya sea tarde y opine de manera diferente, igual que les sucede a los  borrachos. 

De cualquier manera y a pesar de lo expuesto, en mi memoria,  Pepe y Lolo siempre tendrán un sitio destacado, y siempre habrá un momento como  esta noche, para recrear aquella infancia junto a vosotros. ¿Cómo olvidar aquellas tardes jugando a las siete y media y a la lotería junto a la mesa camilla con doña Basilia y con Choni, y el palitroque y las guerrillas y el juego con los huesos de albaricoque a los que llamábamos "huitis"?  

                                                                                        Julio 2006

 

 

jueves, 11 de febrero de 2021

CARTA A JOSÉ LUIS LÓPEZ VÁZQUEZ

 

Carta a  José Luis López Vázquez


Admirado José Luis: Mira por donde, con ocasión del homenaje que mañana te brindan,  voy a tener la oportunidad de  ofrecerte este pequeño tributo en persona, uno nunca acaba de saber por qué se cruzan los destinos. Son cuatro palabras apenas.

He tenido, como la mayoría de los españoles,  la suerte o la desdicha de ver tus inevitables películas en blanco y negro y por una única cadena, sí,  aquellas que no teníamos más remedio que aguantar  porque no había donde elegir, pero también he visto las otras, las evitables. Te he visto envejecer como a mí mismo y he tratado de traspasar la imagen tópica del actor de algunas españoladas para quedarme con algo más que un bigote, unas gafas y una dentadura prominente. Más allá de la popularidad del actor y de una cierta familiaridad que nace de la complicidad que se establece entre actor y espectador, he querido y creído ver en ti a una persona distante, discreta, introvertida, tímida y con una cierta carga de melancolía, muy cercana a la que se desprendía del personaje que encarnabas, mirándose al espejo,  en aquella escena inolvidable de la película  “Mi querida señorita” .

Ellos, nuestros vecinos franceses, han tenido a Fernandel, a Bourvil y a De Funés, nosotros,  a José Luis,  a López y a Vázquez ( tres en uno). A pesar de la injusta cuota de distribución de películas españolas versus las norteamericanas,  para los de mi generación  los actores más conocidos, no fueron ni Gary Cooper ni Jimmy Stewart. Los más populares, sin duda ninguna, fueron los dos representantes genuinos del cine español, es decir, los dos que protagonizaron  todas las películas españolas: Fernando Fernán Gómez y José Luis López Vázquez. Hay que tener algo más que talento para conseguir lo conseguido por estos dos actores apellidados simplemente Gómez y López.

Más que un actor completo y de registros variados (que lo fuiste), más que un gran comediante (que lo sigues siendo), por esos juegos del azar y de los duendes, José Luis,  a partir de ahora, López-Vázquez con guíon,  has sido sobre todo,  uno de los referentes entrañables de la memoria colectiva de al menos dos generaciones de españoles  a los que nos queda para siempre, la risa  o la sonrisa, la emoción o la angustia  que nos provocaba aquel vecino del quinto que nos caía tan bien,  probablemente, porque no era ni alto, ni guapo, ni tenía demasiado éxito con las mujeres. 

                                                                       14/06/2002

*Esta carta se la entregué a JLLV en la comida homenaje en Algeciras

 

 

miércoles, 10 de febrero de 2021

CARTA A ALEJANDRO

Esta es un selección de cartas de mi libro Cartas y Cortos publicado en 2011 

    Me gusta, cuando camino solo y el tiempo lo permite, escribirle cartas a  cada uno de los seres por los que un día sentí más cosas además de cariño, esos seres convertidos en fantasmas de mi realidad interior, esa "no-realidad" en la que tan bien me desenvuelvo y tan a gusto me siento.

Carta a Alejandro

Querido Alejandro: Esta mañana cuando te he llevado al cole, me he emocionado como aquel primer día en que mi abuela Luna me llevó a la escuela francesa  de Larache, hace ahora cincuenta años. Verte a ti y a tus compañeros tan diminutos, tan indefensos e inocentes, tan dispuestos, tan obedientes  y risueños, quizás nerviosos, ¿Qué o en qué pensarían y cuál sería  su estado anímico? Mi querido nieto, han pasado tantos años desde que a mí me sucediera otro tanto en un  mundo en blanco y negro, no estoy seguro sabes, pero en aquella época los primeros días de colegio eran más grises y tristes que hoy día. ¿Sería que el tiempo se acompasaba con la oscura cotidianeidad?  Mlle Beniluz, la maestra y el pequeño Mustafa mi primer amigo en el cole y también años después, han vuelto de nuevo desde un rincón profundo de mi memoria. Cuánto tiempo, no sé si pensar que siento nostalgia, creo que no, pero no he podido evitar sentir el mismo nudo en el corazón y las lágrimas como entonces han brotado, aunque  de forma diferente por supuesto, quizás pensando desde el otro extremo, desde el mío de abuelo, en tu desamparo frente a lo extraño.  Antaño me sentí abandonado  y solo ante el peligro por vez primera. Quizás también recordando a mi abuela, recreando aquel día tan importante para mí, tan importante para ti hoy, he podido sentir todo tu cariño cuando me has apretado con tu manita, cuando me has mirado, me has transmitido tu ternura, he podido sentir incluso la impotencia de no poder comunicarme contigo para que me contaras tus emociones y sentimientos. Ha sido en fin, una mañana especialmente emotiva para un abuelo como yo, contemplando a su nieto como ese pequeño ser indefenso y tierno que era esta mañana. Un abuelo y un nieto difícilmente llegan a acercarse generacionalmente por la insalvable distancia que los separa. Tú siempre serás un niño para mí, lo mismo que yo un viejo para ti.  Mañana te escribiré una carta contándote cosas que leerás cuando seas mayor  o cuando yo ya no esté para mirarte desde la ternura que me inspiras.       

                                                                                  18-09-2001

 


Carta de un ciudadano corriente

  "Yo soy un hombre que ha salido de su casa por el camino, sin objeto, con la chaqueta puesta al hombro, al amanecer, cuando los gallo...