Blog de León Cohen Mesonero

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sábado, 12 de diciembre de 2020

Literatura y Memoria

 

Literatura y Memoria

(A propósito de mi libro “Entre dos aguas”)

 “La memoria”, dice Sebald, “es el espinazo moral de la literatura”. Juan Gabriel Vasquez.

“Se puede olvidar un rostro, pero en modo alguno se puede borrar de la memoria el calor de una emoción, la suavidad de un gesto, el sonido de un voz tierna.” Tahar Ben Jelloun.

“… recordar es imitar a la vida en un intento de alcanzar la inmortalidad de aquello y de aquellos a los que recordamos”. León Cohen.

“Más tarde o más temprano, el tiempo nos devuelve al jardín de la infancia, al jardín de los recuerdos, que para mí siempre será el Jardín de las Hespérides.” León Cohen.

“El viento de Levante arrastra los recuerdos, los empuja desde la otra orilla, esa orilla tan nuestra, tan próxima y lejana, la orilla exacta, la orilla africana. Son voces, jolgorios e imágenes inventadas  por una memoria  ya vieja y alejada en el tiempo y el  espacio. Son los ruidos de la infancia y de la primera juventud. El viento del pasado es un viento lejano que sobre todo nos acerca a nosotros mismos, a lo que nunca hemos dejado de ser y de sentir.” León Cohen

Nuestra memoria está llena de puertas entreabiertas donde reinan fantasmas y misterios por desvelar. La memoria es la herramienta que el escritor utiliza para recuperar, reconstruir y recrear el pasado, el instante o el personaje. Pero este tiempo pasado que el escritor pretende recrear, no se halla envasado y dispuesto para ser reproducido, queda por  hacer un enorme esfuerzo de reconstrucción y sobre todo de imaginación, para que el relato o el cuento  resulten atractivos al lector. La memoria propia no está únicamente constituida por momentos o situaciones vividas por uno mismo, también es la memoria de otros. Son los hechos vividos por otros, historias que le llegaron contadas al escritor por aquellos que las vivieron o por aquellos que las recibieron de otros. Existe pues una memoria  de la memoria de otros. El trayecto o recorrido del hecho “real” está sujeto en su transmisión, a sucesivas e inevitables interpretaciones ajenas y propias, de manera que la recreación escrita en forma de relato es única y más o menos alejada de la realidad del suceso o personaje descritos por  el escritor. Pero lo sorprendente de un relato de la memoria,  no es tanto la fiel transcripción de un hecho, sino la  recreación de un ambiente y de un entorno, que otros que vivieron ese tiempo, puedan reconocer como propios, elevando entonces al relato a un grado superior, al convertirlo en  memoria colectiva de una generación o de un tiempo.

Todos somos sobrevivientes del inevitable exilio de nuestra casa común que es la infancia, pero hay también otros exilios no tan inevitables, que han producido una gran literatura hecha de pequeños desgarros, como los producidos por la pérdida de la casa materna (el locus mater), de la tierra de origen, aquella en la que cada uno  fue edificando  sus primeras referencias vitales.  

Ahondando en la reflexión sobre los relatos de la memoria, quisiera enfatizar diferentes conceptos presentes en ellos:

·        Por una parte, el viaje en el tiempo de dos personajes: Uno, el niño o el joven que vivió el hecho y otro el escritor que lo relata, son una misma persona, pero situados en tiempos distintos, esta dicotomía tiempo-literatura o ubicuidad temporal como la llama algún autor, es digna de ser estudiada y analizada. “…el recuerdo se actualiza, es parte del ahora en el que comparece en la mente, sigue siendo pasado y presente a la vez” según Ricoeur.

·        Por otra parte, el concepto de alteridad, pues el otro, los otros (esos que están presentes aunque no aparezcan) y en ocasiones lo otro, son los verdaderos protagonistas de los relatos. 

Este libro que recoge casi todos los relatos y cuentos escritos a lo largo de  veinte años (entre 1992 y 2012), algunos  ya publicados en libros anteriores como Relatos Robados al Tiempo o La Memoria Blanqueada y otros dispersos en varias antologías como Viajes a Larache, Caminos para la paz, Calle del agua, Ufrán y por último Zarzamoras; es paradigma de todo lo expuesto.

Hay que remarcar, que aunque muchos de los relatos de este libro hablan de la otra orilla, la orilla atlántica, sin embargo, todos han sido escritos en y desde ésta, la orilla mediterránea.  El escritor se sitúa pues, entre dos mares, uno, presidido por su inmensidad y su bravura, que se concreta en el estruendoso rugido de las olas al romper contra los acantilados en Larache; otro, por  la incomparable luz mediterránea,  que se manifiesta en  cualquier día de verano en Algeciras.

Este libro es o aspira a ser, un libro de relatos y cuentos donde en muchos de ellos, el lector encontrará dificultades para distinguir la frontera entre unos y otros, donde los recuerdos, la fantasía y la ficción se entremezclan de manera que no se sabe muy bien donde empiezan unos y donde acaban otros. Qué importa que lo que se cuenta haya o no sucedido o que haya sucedido a medias y que la otra mitad sea pura invención. En realidad, el escritor de relatos cuenta historias verídicas que nunca ocurrieron e inventa situaciones que sí tuvieron lugar, con la única pretensión de confundir e interesar al lector lo suficiente como para obligarle a tratar de descubrir lo que las palabras esconden.

Estos relatos siempre han representado para mí, algo más que palabras más o menos bien escritas o bellas historias. Estos relatos tienen alma, pues en ellos he  proyectado mis  emociones para que otros las sientan. Las lágrimas que derramé al escribirlos impregnaron para siempre estos trozos de vida recreada para otros. Siempre he demostrado dificultades para transmitir con la palabra hablada lo que es tan evidente en mi escritura, por eso en ocasiones, al hablar, tengo la sensación de defraudar al lector que me acaba de  expresar el entusiasmo que le procura mi literatura. 

Quizás este pequeño ensayo pueda servir de análisis más o menos objetivo, sobre las razones profundas que me llevaron a recrear en mis escritos un mundo desaparecido y solo presente en mi memoria visual, sentimental y en ocasiones olfativa. 2013

                                                                                              

 

 

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