León Cohen: de la abuela Luna
a la tercera orilla
«Mis recuerdos de infancia se
remontan a mi familia sefardí en Larache. Pero tampoco puedo olvidar que mi
madre era católica y de Segovia» — Conversación con León Cohen Mesonero,
escritor y científico nacido en Larache
León Cohen Mesonero nació en
Larache el 25 de noviembre de 1946. Su padre, Jacob Cohén Levy, era sefardí
larachense; su madre, católica y de Segovia. Estudió en el colegio francés de
Larache y en liceos franceses de Rabat y Tánger, ciudad en la que vivió entre
1964 y 1968 y de la que siempre se ha considerado tangerino por vocación. En
febrero de 1968 cruzó el Estrecho y se instaló en Algeciras, donde vive desde
entonces. Doctor en Ciencias Químicas, trabajó en la industria petroquímica y fue
catedrático de Ingeniería Química en la Universidad de Cádiz hasta su
jubilación. Es también escritor y autor de once libros como La memoria blanqueada:
relatos y retratos sefardíes del norte de Marruecos (2006), Tributo a
dos ciudades: Larache y Tánger (2018) y Jacob Cohen (2020), dedicado
a su padre, donde recrea el mundo de su infancia y juventud.
Él mismo resume su vida como un
puzle: «Mi familia sefardí en Larache. Pero tampoco puedo olvidar que mi madre
era católica y de Segovia. Fíjate qué contraste. Por otra parte, toda mi educación
primaria y secundaria transcurrió en colegios franceses. Finalmente, Marruecos
y mis entrañables amigos marroquíes. En fin, un puzle». Esta conversación
recorre esas piezas una a una. La respondió por escrito en septiembre y octubre
de 2026.
La casa de la abuela Luna
— En tu casa de Larache convivían
dos mundos: la familia sefardí de tu padre y tu madre, católica de Segovia.
¿Cómo era un día corriente? ¿Qué fiestas se celebraban, qué se comía, en qué
lengua se hablaba?
En determinada época viví en casa
de mi abuela Luna. Ella era descendiente de los sefardíes expulsados por Isabel
la Católica. Ahí es donde tomé contacto directo con la cultura sefardí. Ahí se
festejaban los sábados y otras fiestas judías, como el Yom Kipur o la fiesta de
las tortas [Pésaj, la Pascua judía, en la que solo se come pan ácimo, sin
levadura]. Se hablaba castellano, menos mi abuela, que usaba también giros y
palabras de la jaquetía. De las comidas recuerdo la dafina de los sábados y los
pescados guisados, además de los potajes. La casa estaba a la entrada de la
calle Real, que era el barrio judío. Tengo tres relatos sobre mi abuela sobre esa época:
«Mi abuela Luna», "El rincón del comedor" y y «El balcón de Luna».
Luna Levy Bohbot, en los relatos de su nieto
La abuela Luna (Larache, 1893 –
Dimona, Israel, 1965) es un personaje central en los relatos de León Cohen. En
«El balcón de Luna» la describe como el centro de la casa: es ella «la que
cocina, la que cose, la que va al mercado y la que aporta equilibrio y sosiego
a las discrepancias familiares». Desde aquel balcón, cerca del Zoco Chico, la
familia veía pasar la vida de la calle, las bodas musulmanas de noche y los
entierros de día: «La vida y la muerte, tan opuestas y tan cercanas». Y en «El
rincón del comedor» recuerda la dafina que se cocía del viernes al sábado, un
olor que, escribe, «huele a infancia, a sábado, a familia, a cariño».
En «Rosa teñido de gris o
viceversa», otro relato de La memoria blanqueada que el autor ha enviado
a la redacción, cuenta más cosas de ella. Luna tenía apenas quince años cuando
su padre la comprometió con un hombre de más de cuarenta que venía de Melilla: a falta de más información tenía algo de dinero y, sobre todo, era un cohenim,
es decir, de la estirpe de los sacerdotes del Templo de Jerusalén. Y, mi abuela aunque
era mujer y había nacido en 1893, fue a la escuela: sabía leer y escribir,
hablaba español y árabe y algo de francés. A su nieto le cantaba en francés «Il
était un petit navire». En octubre de 1951 fue ella quien lo llevó de la mano a
su primer día en el colegio francés de Larache y lo dejó con la maestra, Mlle
Beniluz, que había sido su compañera de escuela y prima.
Distinto para uno mismo
— En aquellos años, un matrimonio
entre un judío y una católica no era frecuente. ¿Cómo lo vivieron tus padres y
cómo lo veían las dos familias y los vecinos? ¿Sentiste de niño que eso te
hacía distinto?
Efectivamente, me sentí
diferente, para mí mismo. Con los demás no. Con los católicos era como ellos y
con los judíos también. Tampoco sentí ningún rechazo por parte de ellos,
salvando alguna anécdota sin importancia. Ten en cuenta que yo era español de
origen por mi madre —hice la mili en Jerez— y sefardita por mi padre.
«Con los católicos era como ellos
y con los judíos también.»
La jaquetía que
quedó en el oído
— ¿Qué palabras o expresiones en
haquetía recuerdas haber oído en casa o a tu familia paterna? ¿Hay alguna que
todavía uses hoy?
Recuerdo que mi padre, que tenía
amigos en todos los ambientes, hablaba castellano con los españoles y lo
mezclaba con la jaquetía cuando se topaba con los amigos judíos. Curioso. Yo me
quedé con el tono al hablar en jaquetía y con algunas palabras, pero nunca
recuerdo haberla usado. Recuerdo algunas expresiones y palabras: ferasmal,
fuera del mal; mesquín, desgraciado; gial, guapo; seguro es el
Dio, lo único seguro es Dios, me vaya capara por tí… Recuerdo que mi abuela hablaba de mi madre
llamándola la Quistiana. La jaquetía es fundamentalmente castellano
medieval.
Una palabra que cuenta una historia
«La Quistiana» quiere decir «la
cristiana». Que la abuela Luna llamara así a su nuera resume en dos palabras el
puzle de esta familia: una abuela sefardí que hablaba haquetía y una madre
católica llegada de Castilla, bajo el mismo techo. La expresión ferasmal
aparece también en el artículo «El decoro, la palabra y la puerta abierta» de
esta misma revista. En sus relatos salen otras palabras de aquella casa: la
abuela le decía «mi rey» o ferasmal y «me vaya capara por ti» («daría mi
vida por ti, más o menos», traduce él), y el niño hacía de terrah, el
que llevaba los panes amasados al horno sobre una tabla en la cabeza.
Mustafa Amiar, el primer amigo
— Estudiaste primaria y
secundaria en colegios franceses, y tú mismo hablas de tus entrañables amigos
marroquíes. ¿Recuerdas a alguno en particular, o alguna escena de aquella
convivencia entre niños de distintas religiones y lenguas?
Recuerdo a muchos de mis amigos,
pero sobre todo a mi primer gran amigo de infancia en el colegio francés de
Larache: Mustafa Amiar. Lo conocí con cinco años y mantuvimos la amistad hasta
los dieciocho, que fue cuando dejé Larache. En mi blog, en el apartado de datos
biográficos, hay algunas fotos de fútbol donde puede verse esa variedad.
Años después, aquel amigo volvió
a aparecer en su vida de una forma inesperada:
Mucha gente me ha dicho que tengo
un don para contar historias. Recuerdo sobre todo lo que me dijo Mohamed Sibari
en una reunión en Larache donde leí un relato mío que se titulaba «Mi casa»:
«León, no dejes de escribir, tú tienes la baraká». Y tenía todavía lágrimas en
los ojos. Me dijo que me conocía desde pequeño; yo no lo recordaba, pero cuando
añadió «tú eras muy amigo de mi amigo Mustafa Amiar», me dejó boquiabierto.
Nota de la redacción:
Mohamed Sibari (Alcazarquivir, 1945 – 2013) fue un escritor marroquí en lengua
española, muy ligado a Larache. La baraká es la
bendición, el don que alguien recibe de Dios. En el relato de la abuela Luna,
este mismo amigo aparece como Mustafa Tahar: es la misma persona, que unos diez
años después cambió de apellido, según ha confirmado el autor.
Un puzle de cuatro piezas
— Después de tantos años en
España, ¿qué parte de ti sigue siendo sefardí y qué crees que se ha perdido por
el camino?
Hay una mitad, o una cuarta
parte, que sigue siendo sefardí; otra, la más importante, es andaluza, y otra
francesa. Y, por supuesto, no olvido mis vivencias marroquíes.
De Debdou a Larache: el abuelo
Salomón
El puzle de León Cohen tiene una
pieza más. Su abuelo paterno, Salomón Cohén Benhamou, nació hacia 1852 en
Debdou, una pequeña ciudad judía del oriente de Marruecos, y llegó a Larache a
comienzos del siglo XX, hacia 1903; allí murió en 1941. En su relato «Tres
orillas», el nieto imagina aquel viaje con sus pertenencias cargadas en un
burro. En otro relato lo presenta como un hombre «venido de las montañas del
Rif», quizá con la geografía amplia de la época, cuando se llamaba Rif a casi
todo el norte del país (lo explica el artículo «Un puñado de familias: los
judíos del Rif», en esta misma revista).
León no llegó a conocerlo: «Sé
que hablaba árabe. No sé más nada. A lo mejor también hablaba chelja, el idioma
de los bereberes. Pero es una suposición». De un primer matrimonio, Salomón
tuvo varios hijos e hijas en Melilla. Una de sus nietas, Carmen, fue la tutora
de León cuando estudiaba interno en Rabat, y, recuerda él, «se portó conmigo
como una hermana mayor».
En «Tres orillas», el autor habla
también de una «tercera orilla», entre España y Marruecos: «la orilla donde uno
adopta la manera de ser y el idioma del otro». La historia de Debdou se cuenta
en el artículo «Debdou, la pequeña Sevilla del oriente marroquí», en esta misma
revista.
¿Tiene futuro la cultura sefardí?
— Hoy apenas quedan judíos en el norte de Marruecos. ¿Crees que aquella
cultura sefardí merece conservarse? ¿Quién debería hacerlo y cómo?
Claro que merece conservarse la
cultura sefardí. De hecho, yo he hecho lo que he podido, consciente o
inconscientemente, con mis relatos. Y quiero citar aquí un documental de TVE
cuyo título es El último sefardí, impresionante, dirigido por Miguel
Ángel Nieto, que en 2017 me hizo una amplia entrevista en Algeciras, cuyo vídeo
conservo, y con el que trabé una buena amistad.
Nota de la redacción:
El último sefardí (2003), de Miguel Ángel Nieto,
coproducido por RTVE, sigue al rabino Eliezer Papo en busca de la lengua y la
cultura sefardíes por Jerusalén, Estambul, Salónica, Sarajevo y otras ciudades.
La entrevista a León Cohen formó parte de otro proyecto posterior: Nieto se la
hizo en la primavera de 2017 en el hotel Bahía, en la playa del Rinconcillo de
Algeciras. En el blog del autor puede verse un fragmento, en el que lee pasajes
de su libro Entre dos aguas (Hebraica Ediciones, 2013).
La memoria blanqueada
En la primera parte de esta conversación, en septiembre de 2026, León Cohen
habló de su manera de escribir sobre aquel mundo.
— Usted acuñó el concepto de «memoria blanqueada»: un homenaje que recuerda
a las personas y los lugares que ya no están con más virtudes que defectos. ¿Es
eso, para usted, una forma de invención literaria, o más bien una manera de ser
fiel a lo que realmente sintió y vivió?
Blanquear la memoria se refiere
al recuerdo de los personajes de mi infancia. Puede entenderse como una especie
de autocensura al reproducir lo que mi memoria conserva y hacerles un homenaje
por lo que para mí significaron. En cuanto a los lugares y las cosas, he intentado
reproducir con cierta veracidad lo que conservo o creí sentir. Ahí no hay
invención ni ficción y, por lo tanto, no hay línea entre ficción y realidad.
Puede haber errores, pero nunca buscados ni inventados. Hay que advertir que yo
no soy historiador y por eso no busco el dato preciso. Lo que sí intento es
recrear un mundo y un ambiente, como cualquier escritor que se precie. Lo que
yo llamo el realismo mágico también ayuda.
— En uno de sus relatos alude a los oficios humildes de los judíos
larachenses (mecánicos, pescadores, cargadores), frente al tópico extendido del
comerciante judío próspero. ¿Cómo era realmente, en cuanto a su nivel
económico, la comunidad sefardí de Larache que usted conoció?
Los sefarditas de Larache eran un
grupo heterogéneo en el que primaban los pobres, como en el resto de la
población. Es verdad que algunos judíos eran dueños de los cines o de negocios
de cierta entidad, pero eran una minoría.
— Como catedrático de Ingeniería Química, acostumbrado al método y la
evidencia, ¿le genera alguna tensión escribir una literatura hecha de
recuerdos?
Fui muy feliz al escribir esos
relatos y disfruté con ellos. Ninguna tensión. Siempre digo que conmigo caminan
tres personas: el investigador y científico, el escritor y el deportista. Entre
otras muchas cosas fui un futbolista notable y sigo siendo un apasionado del
fútbol. Como decía mi admirado Albert Camus: «Yo cambiaría el Nobel por haber
sido futbolista profesional».
Nota de la redacción:
esta frase se atribuye a menudo a Camus, pero no la hemos encontrado en sus
escritos. Lo que sí escribió, en un texto de los años cincuenta, es que lo que
sabía con más certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo
debía al fútbol.
«Conmigo caminan tres personas: el investigador y científico, el escritor y
el deportista.»
Dos retratos de familia
Para acompañar sus respuestas,
León Cohen envió a la redacción tres relatos de La memoria blanqueada
sobre los personajes de su infancia. El de la abuela Luna aparece más arriba.
Estos son los otros dos: su padre, que fue para él, junto a su prima Flora, «el
personaje más importante» de aquellos años, y un tío al que nunca conoció.
«Jacobi», el padre
El relato empieza con una broma
literaria: dice que Juanita Narboni, la protagonista de la famosa novela
tangerina de Ángel Vázquez, se metió en la cama de su personaje. Luego lo
desmiente y cuenta la historia verdadera. Jacob Cohen Levy nació en Larache en
1917 o 1918. Dejó la escuela a los doce años, fue chófer en la almadraba y
taxista durante la Guerra Civil (según Sergio Barce, en aquellos años también
fue detenido en Larache por los sublevados contra la República, como su hermano
mayor), aprendió mecánica en Tetuán y, en los años cuarenta, probó suerte en el
Tánger internacional, «un auténtico paraíso fiscal»: primero el estraperlo de
tabaco y relojes, después unos camiones y el comercio de té verde. Lo ganó y lo
gastó todo. Con mujer e hijos, sentó la cabeza: fue comerciante, obrero en
Maracaibo en 1956 y vendedor de coches hasta su muerte, el 14 de julio de 1997.
Su hijo lo recuerda como «un seductor y un tipo carismático» cuya relación con
la religión judía fue «bastante tibia». Está enterrado en el cementerio judío
cercano a Casabermeja, en Málaga.
A él le debe León también su
pasión por el fútbol: «Recuerdo cuando nos llevabas a mi hermano y a mí a ver
los partidos en Santa Bárbara», le escribe, recordando el campo de Larache; el
padre era hincha del Athletic de Bilbao. Años después, León le dedicó un libro
entero, Jacob Cohen (Hebraica Ediciones, 2020), hecho de relatos, cartas
y fotografías, que Sergio Barce definió como una declaración de amor de un hijo
a su padre.
El tío León, linotipista del Heraldo de Marruecos
En el cementerio judío de
Larache, una lápida dice solo: «León Cohen Levy, Larache 1909-1938». Era el
hermano mayor de su padre. Nunca fue a la escuela: aprendió a leer con doña
Consuelo, una maestra republicana que lo inició también en la lectura de los
clásicos marxistas. Trabajó como linotipista en El Heraldo de Marruecos,
el periódico de Larache, y con la República fue secretario local de un partido
de izquierda (el autor no sabe si socialista o comunista). Al día siguiente de
la sublevación de julio de 1936 fue detenido y enviado a la cárcel García Aldave, en Ceuta, donde, según la memoria familiar, supo que doña Consuelo había sido fusilada. Enfermo, lo enviaron a morir a su casa: Murió en Larache el 21 de
julio de 1938, con veintiocho años. Su sobrino lo presenta como un judío
comprometido con su tiempo, «opuesto al mito del judío colaborador y cobarde»
que difundió la propaganda fascista. Un manuscrito suyo: "El Universo sin Ley" fue destruido por su madre cuando o detuvieron.
⚠️ El propio autor advierte que
reconstruye esta historia «a partir de los retales» de los comentarios
familiares. No la hemos podido contrastar con documentos.
— Un mensaje para los alumnos que van a leer esta revista, que hoy viven en
distintas ciudades del norte de Marruecos que usted solo puede visitar en el
recuerdo.
A los alumnos les recomiendo
vivamente que lean mis libros, La memoria blanqueada y Tributo a dos
ciudades, y tendrán un álbum de fotos fiel de un periodo de vida en aquel
entrañable pueblo del Atlántico.
Fuentes
- ✅
Entrevista directa del autor a León Cohen Mesonero, respondida por correo
electrónico en septiembre y octubre de 2026 (mensajes del 25 de septiembre
y del 7, 8 y 10 de octubre de 2026). Incluye los datos sobre el abuelo
Salomón (1852-1941, su lengua y su familia de Melilla), la prima Carmen,
la abuela Luna y la anécdota de Mohamed Sibari, reproducida con su
autorización.
- ✅ Que León
Cohen se considera «tangerino por vocación»: confirmado por la redacción,
que lo conoce personalmente (2026).
- ✅ COHEN
MESONERO, León: «Biografía actualizada», leoncohenmesonero.blogspot.com. Fecha de
nacimiento, colegio francés de Larache (1952-1958), liceos de Rabat y Tánger,
llegada a Algeciras (10 de febrero de 1968), carrera científica y obra
literaria.
- ✅ COHEN
MESONERO, León: «Tres orillas» (relato, noviembre de 2010), publicado en
el blog de Sergio Barce, sergiobarce.blog, 28 de
agosto de 2011. Datos familiares: Jacob Cohén Levy, Luna Levy Bohbot y el
abuelo Salomón Cohén Benhamou, de Debdou.
- ✅ COHEN
MESONERO, León: «El balcón de Luna» (relato), en sergiobarce.blog, 9 de
junio de 2020.
- ✅ COHEN
MESONERO, León: «El rincón del comedor» (relato de Cartas y cortos,
2011), en sergiobarce.blog, 29 de
diciembre de 2013.
- ✅ COHEN
MESONERO, León: La memoria blanqueada: relatos y retratos sefardíes del
norte de Marruecos, Hebraica Ediciones (col. Arca de Sefarad), Madrid,
2006, ISBN 978-84-611-0626-4.
- ✅ COHEN
MESONERO, León: Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger, Editorial
Círculo Rojo, 2018.
- ✅ COHEN
MESONERO, León: «Entrevista por Miguel Ángel Nieto» (Algeciras, primavera
de 2017), leoncohenmesonero.blogspot.com.
- ✅ COHEN
MESONERO, León: «Jacobi» (2002), «Rosa teñido de gris o viceversa. Mi
abuela Luna» (1997) y «El linotipista del Heraldo de Marruecos» (2003),
relatos de La memoria blanqueada (2006), enviados por el autor a la
redacción en octubre de 2026. Fuente de los recuadros sobre la abuela
Luna, el padre y el tío León; lo que cuentan es memoria familiar.
- ✅ COHEN
MESONERO, León: Jacob Cohen, Madrid, Hebraica Ediciones, 2020, ISBN
978-84-945152-9-3. Conocido a través de la reseña de BARCE, Sergio: «Jacob
Cohen, un libro de León Cohen Mesonero», sergiobarce.blog, 3 de
septiembre de 2020, que reproduce fragmentos del libro (recuerdo del
fútbol en Santa Bárbara) y aporta la detención de Jacob Cohen por los
sublevados en Larache en el relato El Fisonomista.
- ✅ «Mohamed
Sibari», Wikipedia (inglés), y Medias24, 29 de noviembre de 2013:
nacimiento en Alcazarquivir (1945) y fallecimiento (2013).
- ✅ NIETO,
Miguel Ángel (dir.): El último sefardí, documental, 2003,
coproducción de RTVE (ficha en FilmAffinity).
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