Blog de León Cohen Mesonero

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martes, 3 de noviembre de 2026

Entrevista por Alfredo Campos Gómez Octubre de 2026

León Cohen: de la abuela Luna a la tercera orilla

«Mis recuerdos de infancia se remontan a mi familia sefardí en Larache. Pero tampoco puedo olvidar que mi madre era católica y de Segovia» — Conversación con León Cohen Mesonero, escritor y científico nacido en Larache

León Cohen Mesonero nació en Larache el 25 de noviembre de 1946. Su padre, Jacob Cohén Levy, era sefardí larachense; su madre, católica y de Segovia. Estudió en el colegio francés de Larache y en liceos franceses de Rabat y Tánger, ciudad en la que vivió entre 1964 y 1968 y de la que siempre se ha considerado tangerino por vocación. En febrero de 1968 cruzó el Estrecho y se instaló en Algeciras, donde vive desde entonces. Doctor en Ciencias Químicas, trabajó en la industria petroquímica y fue catedrático de Ingeniería Química en la Universidad de Cádiz hasta su jubilación. Es también escritor y autor de once libros como La memoria blanqueada: relatos y retratos sefardíes del norte de Marruecos (2006), Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger (2018) y Jacob Cohen (2020), dedicado a su padre, donde recrea el mundo de su infancia y juventud.

Él mismo resume su vida como un puzle: «Mi familia sefardí en Larache. Pero tampoco puedo olvidar que mi madre era católica y de Segovia. Fíjate qué contraste. Por otra parte, toda mi educación primaria y secundaria transcurrió en colegios franceses. Finalmente, Marruecos y mis entrañables amigos marroquíes. En fin, un puzle». Esta conversación recorre esas piezas una a una. La respondió por escrito en septiembre y octubre de 2026.

La casa de la abuela Luna

— En tu casa de Larache convivían dos mundos: la familia sefardí de tu padre y tu madre, católica de Segovia. ¿Cómo era un día corriente? ¿Qué fiestas se celebraban, qué se comía, en qué lengua se hablaba?

En determinada época viví en casa de mi abuela Luna. Ella era descendiente de los sefardíes expulsados por Isabel la Católica. Ahí es donde tomé contacto directo con la cultura sefardí. Ahí se festejaban los sábados y otras fiestas judías, como el Yom Kipur o la fiesta de las tortas [Pésaj, la Pascua judía, en la que solo se come pan ácimo, sin levadura]. Se hablaba castellano, menos mi abuela, que usaba también giros y palabras de la jaquetía. De las comidas recuerdo la dafina de los sábados y los pescados guisados, además de los potajes. La casa estaba a la entrada de la calle Real, que era el barrio judío. Tengo tres relatos sobre mi abuela sobre esa época: «Mi abuela Luna», "El rincón del comedor" y y «El balcón de Luna».

Luna Levy Bohbot, en los relatos de su nieto

La abuela Luna (Larache, 1893 – Dimona, Israel, 1965) es un personaje central en los relatos de León Cohen. En «El balcón de Luna» la describe como el centro de la casa: es ella «la que cocina, la que cose, la que va al mercado y la que aporta equilibrio y sosiego a las discrepancias familiares». Desde aquel balcón, cerca del Zoco Chico, la familia veía pasar la vida de la calle, las bodas musulmanas de noche y los entierros de día: «La vida y la muerte, tan opuestas y tan cercanas». Y en «El rincón del comedor» recuerda la dafina que se cocía del viernes al sábado, un olor que, escribe, «huele a infancia, a sábado, a familia, a cariño».

En «Rosa teñido de gris o viceversa», otro relato de La memoria blanqueada que el autor ha enviado a la redacción, cuenta más cosas de ella. Luna tenía apenas quince años cuando su padre la comprometió con un hombre de más de cuarenta que venía de Melilla: a falta de más información  tenía algo  de dinero y, sobre todo, era un cohenim, es decir, de la estirpe de los sacerdotes del Templo de Jerusalén. Y, mi abuela aunque era mujer y había nacido en 1893, fue a la escuela: sabía leer y escribir, hablaba español y árabe y algo de francés. A su nieto le cantaba en francés «Il était un petit navire». En octubre de 1951 fue ella quien lo llevó de la mano a su primer día en el colegio francés de Larache y lo dejó con la maestra, Mlle Beniluz, que había sido su compañera de escuela y prima.

Distinto para uno mismo

— En aquellos años, un matrimonio entre un judío y una católica no era frecuente. ¿Cómo lo vivieron tus padres y cómo lo veían las dos familias y los vecinos? ¿Sentiste de niño que eso te hacía distinto?

Efectivamente, me sentí diferente, para mí mismo. Con los demás no. Con los católicos era como ellos y con los judíos también. Tampoco sentí ningún rechazo por parte de ellos, salvando alguna anécdota sin importancia. Ten en cuenta que yo era español de origen por mi madre —hice la mili en Jerez— y sefardita por mi padre.

«Con los católicos era como ellos y con los judíos también.»

La jaquetía que quedó en el oído

— ¿Qué palabras o expresiones en haquetía recuerdas haber oído en casa o a tu familia paterna? ¿Hay alguna que todavía uses hoy?

Recuerdo que mi padre, que tenía amigos en todos los ambientes, hablaba castellano con los españoles y lo mezclaba con la jaquetía cuando se topaba con los amigos judíos. Curioso. Yo me quedé con el tono al hablar en jaquetía y con algunas palabras, pero nunca recuerdo haberla usado. Recuerdo algunas expresiones y palabras: ferasmal, fuera del mal; mesquín, desgraciado; gial, guapo; seguro es el Dio, lo único seguro es Dios, me vaya capara por tí… Recuerdo que mi abuela hablaba de mi madre llamándola la Quistiana. La jaquetía es fundamentalmente castellano medieval.

Una palabra que cuenta una historia

«La Quistiana» quiere decir «la cristiana». Que la abuela Luna llamara así a su nuera resume en dos palabras el puzle de esta familia: una abuela sefardí que hablaba haquetía y una madre católica llegada de Castilla, bajo el mismo techo. La expresión ferasmal aparece también en el artículo «El decoro, la palabra y la puerta abierta» de esta misma revista. En sus relatos salen otras palabras de aquella casa: la abuela le decía «mi rey» o ferasmal y «me vaya capara por ti» («daría mi vida por ti, más o menos», traduce él), y el niño hacía de terrah, el que llevaba los panes amasados al horno sobre una tabla en la cabeza.

Mustafa Amiar, el primer amigo

— Estudiaste primaria y secundaria en colegios franceses, y tú mismo hablas de tus entrañables amigos marroquíes. ¿Recuerdas a alguno en particular, o alguna escena de aquella convivencia entre niños de distintas religiones y lenguas?

Recuerdo a muchos de mis amigos, pero sobre todo a mi primer gran amigo de infancia en el colegio francés de Larache: Mustafa Amiar. Lo conocí con cinco años y mantuvimos la amistad hasta los dieciocho, que fue cuando dejé Larache. En mi blog, en el apartado de datos biográficos, hay algunas fotos de fútbol donde puede verse esa variedad.

Años después, aquel amigo volvió a aparecer en su vida de una forma inesperada:

Mucha gente me ha dicho que tengo un don para contar historias. Recuerdo sobre todo lo que me dijo Mohamed Sibari en una reunión en Larache donde leí un relato mío que se titulaba «Mi casa»: «León, no dejes de escribir, tú tienes la baraká». Y tenía todavía lágrimas en los ojos. Me dijo que me conocía desde pequeño; yo no lo recordaba, pero cuando añadió «tú eras muy amigo de mi amigo Mustafa Amiar», me dejó boquiabierto.

Nota de la redacción: Mohamed Sibari (Alcazarquivir, 1945 – 2013) fue un escritor marroquí en lengua española, muy ligado a Larache. La baraká es la bendición, el don que alguien recibe de Dios. En el relato de la abuela Luna, este mismo amigo aparece como Mustafa Tahar: es la misma persona, que unos diez años después cambió de apellido, según ha confirmado el autor.

Un puzle de cuatro piezas

— Después de tantos años en España, ¿qué parte de ti sigue siendo sefardí y qué crees que se ha perdido por el camino?

Hay una mitad, o una cuarta parte, que sigue siendo sefardí; otra, la más importante, es andaluza, y otra francesa. Y, por supuesto, no olvido mis vivencias marroquíes.

De Debdou a Larache: el abuelo Salomón

El puzle de León Cohen tiene una pieza más. Su abuelo paterno, Salomón Cohén Benhamou, nació hacia 1852 en Debdou, una pequeña ciudad judía del oriente de Marruecos, y llegó a Larache a comienzos del siglo XX, hacia 1903; allí murió en 1941. En su relato «Tres orillas», el nieto imagina aquel viaje con sus pertenencias cargadas en un burro. En otro relato lo presenta como un hombre «venido de las montañas del Rif», quizá con la geografía amplia de la época, cuando se llamaba Rif a casi todo el norte del país (lo explica el artículo «Un puñado de familias: los judíos del Rif», en esta misma revista).

León no llegó a conocerlo: «Sé que hablaba árabe. No sé más nada. A lo mejor también hablaba chelja, el idioma de los bereberes. Pero es una suposición». De un primer matrimonio, Salomón tuvo varios hijos e hijas en Melilla. Una de sus nietas, Carmen, fue la tutora de León cuando estudiaba interno en Rabat, y, recuerda él, «se portó conmigo como una hermana mayor».

En «Tres orillas», el autor habla también de una «tercera orilla», entre España y Marruecos: «la orilla donde uno adopta la manera de ser y el idioma del otro». La historia de Debdou se cuenta en el artículo «Debdou, la pequeña Sevilla del oriente marroquí», en esta misma revista.

¿Tiene futuro la cultura sefardí?

— Hoy apenas quedan judíos en el norte de Marruecos. ¿Crees que aquella cultura sefardí merece conservarse? ¿Quién debería hacerlo y cómo?

Claro que merece conservarse la cultura sefardí. De hecho, yo he hecho lo que he podido, consciente o inconscientemente, con mis relatos. Y quiero citar aquí un documental de TVE cuyo título es El último sefardí, impresionante, dirigido por Miguel Ángel Nieto, que en 2017 me hizo una amplia entrevista en Algeciras, cuyo vídeo conservo, y con el que trabé una buena amistad.

Nota de la redacción: El último sefardí (2003), de Miguel Ángel Nieto, coproducido por RTVE, sigue al rabino Eliezer Papo en busca de la lengua y la cultura sefardíes por Jerusalén, Estambul, Salónica, Sarajevo y otras ciudades. La entrevista a León Cohen formó parte de otro proyecto posterior: Nieto se la hizo en la primavera de 2017 en el hotel Bahía, en la playa del Rinconcillo de Algeciras. En el blog del autor puede verse un fragmento, en el que lee pasajes de su libro Entre dos aguas (Hebraica Ediciones, 2013).

La memoria blanqueada

En la primera parte de esta conversación, en septiembre de 2026, León Cohen habló de su manera de escribir sobre aquel mundo.

— Usted acuñó el concepto de «memoria blanqueada»: un homenaje que recuerda a las personas y los lugares que ya no están con más virtudes que defectos. ¿Es eso, para usted, una forma de invención literaria, o más bien una manera de ser fiel a lo que realmente sintió y vivió?

Blanquear la memoria se refiere al recuerdo de los personajes de mi infancia. Puede entenderse como una especie de autocensura al reproducir lo que mi memoria conserva y hacerles un homenaje por lo que para mí significaron. En cuanto a los lugares y las cosas, he intentado reproducir con cierta veracidad lo que conservo o creí sentir. Ahí no hay invención ni ficción y, por lo tanto, no hay línea entre ficción y realidad. Puede haber errores, pero nunca buscados ni inventados. Hay que advertir que yo no soy historiador y por eso no busco el dato preciso. Lo que sí intento es recrear un mundo y un ambiente, como cualquier escritor que se precie. Lo que yo llamo el realismo mágico también ayuda.

— En uno de sus relatos alude a los oficios humildes de los judíos larachenses (mecánicos, pescadores, cargadores), frente al tópico extendido del comerciante judío próspero. ¿Cómo era realmente, en cuanto a su nivel económico, la comunidad sefardí de Larache que usted conoció?

Los sefarditas de Larache eran un grupo heterogéneo en el que primaban los pobres, como en el resto de la población. Es verdad que algunos judíos eran dueños de los cines o de negocios de cierta entidad, pero eran una minoría.

— Como catedrático de Ingeniería Química, acostumbrado al método y la evidencia, ¿le genera alguna tensión escribir una literatura hecha de recuerdos?

Fui muy feliz al escribir esos relatos y disfruté con ellos. Ninguna tensión. Siempre digo que conmigo caminan tres personas: el investigador y científico, el escritor y el deportista. Entre otras muchas cosas fui un futbolista notable y sigo siendo un apasionado del fútbol. Como decía mi admirado Albert Camus: «Yo cambiaría el Nobel por haber sido futbolista profesional».

Nota de la redacción: esta frase se atribuye a menudo a Camus, pero no la hemos encontrado en sus escritos. Lo que sí escribió, en un texto de los años cincuenta, es que lo que sabía con más certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debía al fútbol.

«Conmigo caminan tres personas: el investigador y científico, el escritor y el deportista.»

Dos retratos de familia

Para acompañar sus respuestas, León Cohen envió a la redacción tres relatos de La memoria blanqueada sobre los personajes de su infancia. El de la abuela Luna aparece más arriba. Estos son los otros dos: su padre, que fue para él, junto a su prima Flora, «el personaje más importante» de aquellos años, y un tío al que nunca conoció.

«Jacobi», el padre

El relato empieza con una broma literaria: dice que Juanita Narboni, la protagonista de la famosa novela tangerina de Ángel Vázquez, se metió en la cama de su personaje. Luego lo desmiente y cuenta la historia verdadera. Jacob Cohen Levy nació en Larache en 1917 o 1918. Dejó la escuela a los doce años, fue chófer en la almadraba y taxista durante la Guerra Civil (según Sergio Barce, en aquellos años también fue detenido en Larache por los sublevados contra la República, como su hermano mayor), aprendió mecánica en Tetuán y, en los años cuarenta, probó suerte en el Tánger internacional, «un auténtico paraíso fiscal»: primero el estraperlo de tabaco y relojes, después unos camiones y el comercio de té verde. Lo ganó y lo gastó todo. Con mujer e hijos, sentó la cabeza: fue comerciante, obrero en Maracaibo en 1956 y vendedor de coches hasta su muerte, el 14 de julio de 1997. Su hijo lo recuerda como «un seductor y un tipo carismático» cuya relación con la religión judía fue «bastante tibia». Está enterrado en el cementerio judío cercano a Casabermeja, en Málaga.

A él le debe León también su pasión por el fútbol: «Recuerdo cuando nos llevabas a mi hermano y a mí a ver los partidos en Santa Bárbara», le escribe, recordando el campo de Larache; el padre era hincha del Athletic de Bilbao. Años después, León le dedicó un libro entero, Jacob Cohen (Hebraica Ediciones, 2020), hecho de relatos, cartas y fotografías, que Sergio Barce definió como una declaración de amor de un hijo a su padre.

El tío León, linotipista del Heraldo de Marruecos

En el cementerio judío de Larache, una lápida dice solo: «León Cohen Levy, Larache 1909-1938». Era el hermano mayor de su padre. Nunca fue a la escuela: aprendió a leer con doña Consuelo, una maestra republicana que lo inició también en la lectura de los clásicos marxistas. Trabajó como linotipista en El Heraldo de Marruecos, el periódico de Larache, y con la República fue secretario local de un partido de izquierda (el autor no sabe si socialista o comunista). Al día siguiente de la sublevación de julio de 1936 fue detenido y enviado a la cárcel García Aldave, en Ceuta, donde, según la memoria familiar,  supo que doña Consuelo había sido fusilada. Enfermo, lo enviaron a morir a su casa: Murió en Larache el 21 de julio de 1938, con veintiocho años. Su sobrino lo presenta como un judío comprometido con su tiempo, «opuesto al mito del judío colaborador y cobarde» que difundió la propaganda fascista. Un manuscrito suyo: "El Universo sin Ley" fue destruido por su madre cuando o detuvieron.

⚠️ El propio autor advierte que reconstruye esta historia «a partir de los retales» de los comentarios familiares. No la hemos podido contrastar con documentos.

— Un mensaje para los alumnos que van a leer esta revista, que hoy viven en distintas ciudades del norte de Marruecos que usted solo puede visitar en el recuerdo.

A los alumnos les recomiendo vivamente que lean mis libros, La memoria blanqueada y Tributo a dos ciudades, y tendrán un álbum de fotos fiel de un periodo de vida en aquel entrañable pueblo del Atlántico.


Fuentes

  • ✅ Entrevista directa del autor a León Cohen Mesonero, respondida por correo electrónico en septiembre y octubre de 2026 (mensajes del 25 de septiembre y del 7, 8 y 10 de octubre de 2026). Incluye los datos sobre el abuelo Salomón (1852-1941, su lengua y su familia de Melilla), la prima Carmen, la abuela Luna y la anécdota de Mohamed Sibari, reproducida con su autorización.
  • ✅ Que León Cohen se considera «tangerino por vocación»: confirmado por la redacción, que lo conoce personalmente (2026).
  • ✅ COHEN MESONERO, León: «Biografía actualizada», leoncohenmesonero.blogspot.com. Fecha de nacimiento, colegio francés de Larache (1952-1958), liceos de Rabat y Tánger, llegada a Algeciras (10 de febrero de 1968), carrera científica y obra literaria.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: «Tres orillas» (relato, noviembre de 2010), publicado en el blog de Sergio Barce, sergiobarce.blog, 28 de agosto de 2011. Datos familiares: Jacob Cohén Levy, Luna Levy Bohbot y el abuelo Salomón Cohén Benhamou, de Debdou.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: «El balcón de Luna» (relato), en sergiobarce.blog, 9 de junio de 2020.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: «El rincón del comedor» (relato de Cartas y cortos, 2011), en sergiobarce.blog, 29 de diciembre de 2013.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: La memoria blanqueada: relatos y retratos sefardíes del norte de Marruecos, Hebraica Ediciones (col. Arca de Sefarad), Madrid, 2006, ISBN 978-84-611-0626-4.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger, Editorial Círculo Rojo, 2018.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: «Entrevista por Miguel Ángel Nieto» (Algeciras, primavera de 2017), leoncohenmesonero.blogspot.com.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: «Jacobi» (2002), «Rosa teñido de gris o viceversa. Mi abuela Luna» (1997) y «El linotipista del Heraldo de Marruecos» (2003), relatos de La memoria blanqueada (2006), enviados por el autor a la redacción en octubre de 2026. Fuente de los recuadros sobre la abuela Luna, el padre y el tío León; lo que cuentan es memoria familiar.
  • ✅ COHEN MESONERO, León: Jacob Cohen, Madrid, Hebraica Ediciones, 2020, ISBN 978-84-945152-9-3. Conocido a través de la reseña de BARCE, Sergio: «Jacob Cohen, un libro de León Cohen Mesonero», sergiobarce.blog, 3 de septiembre de 2020, que reproduce fragmentos del libro (recuerdo del fútbol en Santa Bárbara) y aporta la detención de Jacob Cohen por los sublevados en Larache en el relato El Fisonomista.
  • ✅ «Mohamed Sibari», Wikipedia (inglés), y Medias24, 29 de noviembre de 2013: nacimiento en Alcazarquivir (1945) y fallecimiento (2013).
  • ✅ NIETO, Miguel Ángel (dir.): El último sefardí, documental, 2003, coproducción de RTVE (ficha en FilmAffinity).

 


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